Que es un regimen politico absolutista

Los intentos por liberar la economía dentro de un régimen absolutista han fracasado. A ello se suma el problema sucesorio. La enfermedad del rey había convertido a María Cristina de Borbón en Regente. Con habilidad, buscó la alianza de los liberales a cambio de la promesa de que con su hija Isabel se retomaría un rumbo constitucional moderado de corte liberal.

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Copyright Les jeux de lettres anagramme, mot-croisé, joker, Lettris et Boggle sont proposés par Memodata. Maravall, siguiendo a R. Dahl, al referirse al siglo XVII apuntaba ya la ausencia de élites perfectamente configuradas, aunque admitia la presencia de "grupos que evolucionan hacia su consolidaciôn bajo un tipo semejante"7. En otros términos, venia a sugerir el inicio durante el siglo XVII del proceso de transiciôn del estamento a la élite, si bien circunscrito a grupos profesionales o régionales.

Desde luego, en el siglo XVIII se producirân sustanciales avances en este sentido -en particular en cuanto a la "élite militar"- si aplicamos las caracteristicas definitorias de "élite de poder" expuestas por Maravall - entre las. Comenzando por los aspectos mas générales, constituye un hecho aceptado por la mayor parte de nuestra historiografïa actual, la consideracion de la presencia o "participation" de militares en politica y en el conjunto de funciones del Estado - mas acusada en la segunda mitad del siglo, con especial relevancia en el reinado de Carlos IV — como una " interpénétration profonde du militaire et du civil ", segùn expresiôn de René Quatrefages9.

La complejidad de tal afïrmaciôn, reiterada en términos mas contundentes por otros autores requière precisiones diversas Una de las observaciones mas importantes al respecto es la necesaria conceptualizaciôn de la "intervenciôn" de militares en la administraciôn de la monarquia borbônica que a veces se confonde con la peculiar "intervenciôn" en politica, caracteristica inhérente al siglo XIX.

Aunque sin cuestionar la consideracion de algunas instituciones de la administraciôn borbônica -lease corregimientos, Capitanias Générales y gobiernos politico-militares, por ejemplo- como instrumentos de control politico, en manos casi todos ellos de militares - a excepciôn hecha de los corregimientos - la subordinaciôn al poder real era tan sôlida que no cabe imaginar el desarrollo de unas actitudes politicas propias de quienes estuviesen al frente de dichas instituciones.

Cuestiôn bien distinta séria el grado de cumplimiento de las ordenes reaies o el mismo matiz de los diferentes sesgos que podrian imprimir todos y cada uno de los "delegados reaies", aunque sin perder nunca de vista la perspectiva, inhérente al funcionamiento de la monarquia absoluta, de la concepciôn de los aparatos del Estado como estructuras integradas por "sûbditos del Rey". Entendemos que es posible interpretar la intervenciôn de los militares en la administraciôn del Estado como un primigenio "caldo de cultivo" de lo que séria luego la intervenciôn en politica, aunque las relaciones entre ambos fenômenos no terminan de ser del todo necesarias ni directas.

La importancia del problema, y la aludida complejidad del mismo, merecen algunas reflexiones que tengan en cuenta la implicaciôn de diversos factores que a menudo se suelen obviar. Como elemento inicial de partida, conviene delimitar los campos de actuaciôn de lo que podria denominarse la "intervention de los militares en politica durante el siglo XVIII".

Sobre este particular, contamos con una doble tipologia de situaciones. Por un lado, vemos situados a militares al frente de determinadas instituciones con funciones eminentemente civiles y cuyos ejemplos mas preclaros podrian ser los "corregimientos militares"11 o los nombramientos como embajadores que en ocasiones recaen sobre algunos destacados miembros de la milicia, aunque es complejo discernir si se producen en razôn a su "condition militar" de su "condition nobiliaria", o de su acreditados servicios al frente de otras instituciones politicas y militares.

De otra parte, algunas instituciones militares como las Capitanias Générales - caso de Valencia, Cataluna, Aragon y Galicia - tenian entre sus competencias funciones politico-administrativas entre las que sobresalia por encima de todas su intervention en las Audiencias.

Segûn la Real Instruction de 1 de enero de sobre las obligaciones, facultades, y sueldos de los Capitanes Générales de Provincia, en todas las jurisdicciones tenian el primer lugar, "como representando la persona del Rey", abarcando sus competencias desde elecciones, puertos, hospitales, justicia militar, padrones, hasta la seguridad pûblica de los caminos. Finalmente, y como sintesis entre ambas formulas de ejercicio de funciones no exclusivamente militares, una instituciôn como los "gobiernos politico-militares" de ciudades, identificados con los corregidores -y dependientes directamente de las ordenes del Capitân General - définira con exactitud el dualismo de la participation activa de militares en tareas pûblicas, que han conducido a algûn autor a hablar de la figura del "militar-administrador" en el siglo XVIII espanol Sin embargo, por desgracia, es preciso insistir una vez mas acerca de la carencia de estudios que precisen en términos cuantitativos la importancia de este fenômeno, para el conjunto del pais y de las instituciones.

A falta de ellos, trataremos de analizar el problema con los reducidos datos disponibles y abordar una aproximaciôn a las relaciones civiles-militares en el siglo XVIII, vistas desde la perspectiva de la participation del elemento militar en la vida pûblica o "politica" del pais. Una de las caracteristicas distintivas de la nueva monarquia borbônica - acentuada en los ûltimos decenios del siglo - sera la organization del pais en base a la "configuration militar del entramado politico-admninistrativo" del mismo En este sentido, la militarizaciôn de los corregimientos catalanes al finalizar la Guerra de Sucesiôn, al igual que los de los restantes territorios que se manifestaron rebeldes a la nueva dinastia, suponen la prueba inequivoca del.

Durante el reinado de Felipe V, con un acusado carâcter intimidatorio, predominarân los corregimientos militares en Aragon, Valencia y Cataluna, aunque con mayor intensidad en estas dos ultimas regiones, donde el fuerte sesgo militarista "supuso un predominio casi absoluto de altos oficiales del ejército" asi como un "poder relevante" para el Capitân General En Cataluna, la implantation del sistema corregimental militarizado se mantendria inalterable hasta el reinado de Carlos III merced a la progresiva, aunque lenta, introduction de los corregidores de carrera.

Sole, al situar como periodos de mayor agudizaciôn del predominio militar los transcurridos entre yaunque se dieron casos como el de Matarô, en el que segùn Molas Ribalta, tuvo corregidores militares durante todo el siglo XVIII En Valencia, una relaciôn del présidente de la Chancilleria fechada enproponiendo a 22 nobles para ejercer el cargo de corregidores séria desestimada para nombrar a gobernadores militares para tal funciôn, con lo que quedaba limitada cualquier posibilidad de acceso de civiles a esta institution.

Tras numerosos intentas de modificar la situation, finalmente enel Rey acabaria disponiendo la continuidad de los gobernadores militares con funciones de corregidores, manteniendo como ùnico corregimiento de "letras" el de Orihuela y asimilando el cargo al del intendente en Valencia Todo este proceso senala, para los territorios del Levante y Noreste peninsular una acusada militarizacion de sus instituciones de gobierno, con la figura del Capitan General a la cabeza, asentada definitivamente a partir de la promulgation de los decretos de Nueva Planta.

A propôsito de esta situation debe cuestionarse la trascendencia politica de tal medida, pues a pesar del ineludible caracter intimidatorio que. De la misma forma que Fernando VI como premio, tras la guerra de Italia, en diciembre deconcederia entre otras gracias "cincuenta y dos Corregimientos para Oficiales del Exército que se habian de proponer por la via reservada de Guerra" Incidiendo en esta misma linea, séria preciso delimitar las funciones que ejercian los corregidores militares, pues en algunos casos, como el de los corregidores alicantinos, actuaban ante todo como "gobernadores militares de una plaza fuerte" relegando a un segundo piano sus obligaciones civiles, con lo que su actuaciôn se circunscribia mas al âmbito de su profesiôn Por tanto, cuando se insiste sobre la "militarizaciôn" de las instituciones de gobierno, tal afirmaciôn no deberia hacerse nunca en términos tan absolutos al ser multiples las particularidades que confluyen e inciden sobre la generalidad Bien es verdad que no es siempre posible generalizar en este asunto.

Excepciones como la de Madrid son muy significativas. El "Gobierno politico militar de Madrid" creado en septiembre de se configuré como una instituciôn de amplio espectro de actuaciôn. El gobernador de Madrid ténia todas las facultades jurisprudenciales y preeminencias de los corregidores mas el mando politico, econômico, gubernativo y militar.

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Sus multiples competencias iban desde la presidencia de la Sala de Alcaldes de Casa y Coite hasta la asunciôn de las atribuciones de la Junta de Abastos de Madrid pasando por la administraciôn de las rentas de la capital Por lo que respecta a los Capitanes Générales, su funciôn como présidentes de las Audiencias borbônicas, venia a ser una nueva manifestaciôn de la interrelaciôn existente entre el "poder civil" y el "poder militar". De facto, en los Capitanes Générales "confluian las dignidades de 'gobernador militar' -cuyo titulo expédia la secretaria de guerra- y el 'ofïcio de gobernador politico' y présidente del tribunal -con cédula dada por la Câmara de Castilla.

En Cataluna, el decreto de Nueva Planta demarcaria en las Audiencias la convergencia de las funciones judiciales con las politicas o "gubernativas", ejercidas a través de sus dos salas civiles que, con la presencia del Capitan General, se transformaban en el denominado "Real Acuerdo" Por tanto, en el caso de los Capitanes Générales en los que coincidia el cargo de présidentes de Audiencia, se aunaban en una misma persona la jurisdicciones civil y militar, union que se veria parcialmente recortada durante el reinado de Carlos III, al delimitarse las atribuciones como jefes de tropas de las procedentes de la condiciôn de gobernador general.

Sobre este poder omnimodo de los Capitanes Générales, no de "ejército" sino de "provincia", Carlos Corona llamô la atenciôn, pues el control que ejercian sobre la administraciôn provincial, llegô a suponer de hecho que "un capitan general en la provincia tenia mas poder que un ministro de Despacho en su departamento" Semejante proceso de dualidad de funciones se observa en el caso de los Intendentes, reclutados en buena parte de los cuadros del Ejército, aunque con funciones econômicas, de justicia y policia ademâs de las militares, consideradas estas ultimas desde su creaciôn como las esenciales juntamente con las hacendisticas Las embajadas serân otra de las instituciones de carâcter no militar que fueron ocupadas en ocasiones por militares.

La diplomacia fue confiada en determinados momentos a algunos destacados militares.

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Y especial singularidad présenta la Capitania General de Valencia que fue ocupada en algunos periodos por militares que habian estado al frente de embajadas, caso de Campoflorido, embajador en Venecia, o Manuel de Sada, en. Saboya entre y Durante el reinado de Fernando VI, mas de la mitad de los 21 embajadores o ministres nombrados eran provenientes del ejército y la marina, siendo especialmente signifîcativos en la embajada de Paris Algunos hechos, relativos a diversos enfrentamientos entre funciones civiles y militares, inciden en esta linea dialéctica de poder civil-poder militar en la Espana del siglo XVIII Con diferencia el mas destacado de todos ellos, gira siempre en torno a la pugna entre el partido aragonés o partido militar - encabezado por la figura de Aranda - y el partido golilla o civil - representado en la persona de Floridablanca - cuya pista es dificil de seguir "porque se complica con personalismos y sigue una trayectoria sinuosa" No queda a la zaga el Decreto de 16 de mayo de sobre "honores y tratamiento de Excelencia" por el que se equiparaban los rangos de consideraciôn entre Capitanes Générales y determinados civiles muy significados, y a su vez entre estos y las grandes cruces de la Orden de Carlos III, decreto, que vendria a provocar una dura reacciôn por parte del Conde de Aranda en defensa de la supremacia de la funciôn militar sobre las demâs del Estado Multiples casos podrian ilustrar estas situaciones.

Un ejemplo, correspondiente al ano depublicado por José Antonio Escudero se encuentra en las Soins visage valmont 2014 de la Junta Suprema maigrir sans régime ebook gratuit 2014 Estado.

Con motivo de vacante de la Tenencia de Rey de Mahôn, se habia nombrado sucesor en el cargo de forma interina al coronel José Vasallo, provocando la reacciôn - tramitada a través del Conde de Floridablanca- de los jurados générales de la isla en defensa de que el nombramiento recayese en el bayle general de la misma Solicitado el informe correspondiente al Capitân General de las Islas Baléares, a la sazôn el Conde de Roncali, mostrô su parecer acerca de la conveniencia de permanecer unidos el mando politico y militar ya que podrian "resultar malas consecuencias de separarlos, atendida la constituciôn de la ysla, el lugar que ocupa, ser pais de nueva conquista y deber recaer los peligros y responsabilidad de su defensa en el gefe militar" Finalmente con el apoyo de Floridablanca se terminaria nombrando un militar con el fin de que "los goviernos militar y politico corriesen por entonces.

En el mismo sentido abunda la disposition dictada en 30 de noviembre de por la cual desaparecia el cargo de présidente civil de la Chancilleria de Valladolid y se conferia la presidencia de la misma al Capitân General, que en opinion de Molas, era un signo évidente "del retroceso de la burocracia civil de los letrados, tan identifïcados con la administraciôn castellana, y un sintoma de la prepotencia que el estamento militar adquiria en el seno del Estado. Por ultimo, el nombramiento de militares como Aranda primero y Godoy después, al frente del Estado, podria incluso interpretarse como una prueba mas de la intervenciôn y control militar del aparato politico de la monarquia borbônica.

Hipótesis interpretativas. Es évidente que en Espana, sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII se produce una cierta militarizaciôn en la administraciôn espanola. No menos cierto es que esta militarizaciôn se prolonga en el siglo XIX y que como ha escrito Cepeda Gômez "determinarâ profundamente el desarrollo histôrico de nuestra contemporaneidad" Un cûmulo de interrogates podrian seguir abriéndose sobre la compleja problemâtica de lo que Blanco Valdés ha llegado a concepruar como la.

Avanzaremos algunas hipôtesis y consideraciones al respecte. En primer lugar, desde el anâlisis sociolôgico, una cuestiôn previa se impone. La mayoritaria adscripciôn nobiliaria de los militares, supone de hecho la fusion en una misma persona de dos componentes de distinta significaciôn Uno de carâcter "profesional", es decir, como militar, y otro "social" en cuanto a la procedencia noble e identificada por tanto con la ideologia y comportamiento propios de este estamento privilegiado de la sociedad.

Dentro de esta conceptualizaciôn no puede ignorarse - y no es mero azar - que el proceso de incorporaciôn y atracciôn de la nobleza hacia las filas del Ejército en los primeros afios del siglo XVIII vaya paralelo a la asignaciôn de militares al frente de instituciones civiles, situaciôn especialmente extendida en los territorios de la antigua Corona de Aragon.

Para Blanco Valdés, la designaciôn del mas alto mando militar que ejercia funciones de gobierno y control politico "se realizaba en funciôn no bâsicamente de su profesionalidad militar cuanto de su adscripciôn aristocrâtica; no de su carâcter supuestamente castrense citron pour se blanchir les dents de su posiciôn en la constitution estamental.

En términos tan absolutos, esta aseveraciôn entraria en contradicciôn directa con el acentuado interés mostrado por la monarquia absoluta en situar al frente de numerosas instituciones de gobierno a militares.

Desde luego, sin rechazar la tesis de Blanco Valdés, pueden intuirse en esta problemâtica otras cuestiones de indudable relevancia cuya omisiôn equivaldria a descontextualizar el anâlisis real de los problemas.

Amén del citado carâcter intimidatorio que comportaba la presencia de un militar al frente de una instituciôn administrativa, o civil, la precedencia real para su elecciôn deberia estar mas relacionada con la garantia de aplicaciôn de una politica centralizadora en la que la dependencia del militar del Rey era tan estrecha como que de él pendia de forma directa el cursus profesional de todos y cada uno de los militares del Ejército En cualquier caso, el problema principal no radica tanto en la asignaciôn de funciones en razôn al origen social o a la profesiôn detentada como de la existencia de limites enormemente imprecisos entre todas estas categorias.

En otros términos, es posible afïrmar que en los militares espanoles del siglo XVIII, sobre todo en los Oficiales Générales, las fronteras entre su actuaciôn como nobles, como militares o como politicos no aparecen dibujadas en campos deslindados que posibiliten incardinarlos dentro de un campo especifico de anâlisis.

Antes al contrario, es precisamente la suma de las funciones politico- militares y de un origen social nobiliario la que singulariza la figura del militar politico-administrador en la Espana del siglo XVIII. En esta direcciôn apunta un conocido estudio de Molas Ribalta sobre los Capitanes Générales de la Valencia borbônica, tantas veces citado en publicaciones posteriores como no reproducido a menudo en su totalidad: "Los capitanes générales conservaban la adscripciôn nobiliaria, pero se definian primordialmente por su carâcter militar, por su dedicaciôn profesional al ejercicio de las armas, y no solamente por su pertenencia a los grandes linajes de la aristocracia.

Con todo, repetimos, su carâcter aristocrâtico era muy pronunciado. Anâdase a todo ello el nada claro problema de la conceptualizaciôn del militar dieciochesco - desde el anâlisis mas puro de la sociologia del Ejército - como un "profesional" de la milicia en su mas estricto sentido, lo que nos conduce de nuevo a entrar en el debate sobre la valoraciôn del militar, como tal, como noble o como "politico".

La ausencia de "una verdadera profesionalizaciôn" entre los militares del siglo XVIII, no superada hasta la finalizaciôn de la guerra de la Independencia -momento en que diversos autores situan el nacimiento del "militar de carrera" - incide de nuevo sobre la valoraciôn de la existencia real de un "poder militar" autônomo diferenciado del "poder civil" Por tanto, la confluencia en el militar de su adscripciôn al estamento noble y el ejercicio de funciones politico-administrativas, diluyen un tanto los atributos de lo que se ha dado en llamar "poder militar".

Cuando se haga pues referencia a la militarizaciôn de la monarquia absoluta durante el siglo XVIII mediante la concesiôn de empleos politicos y administratives a los militares, habrâ que matizar siempre la parte correspondiente que en taies nombramientos tiene el hecho de recaer a un tiempo entre individuos cuya componente aristocrâtica tiene su propio peso especifico a la hora de desempenar sus funciones dentro de la maquinaria de gobierno de la monarquia absoluta.

Del mismo modo que habrâ. Si ponderamos que la nobleza ostentô la practica totalidad de los empleos de la oficialidad militar y que, como hemos mostrado en otro estudio, la impronta nobiliaria tuvo una trascendencia decisiva en el sistema de concesiôn de ascensos48 - con toda probabilidad mas agudizada en los empleos de Oficiales Générales - se comprenderâ la importancia que los criterios estamentales tenian en el ejercicio de los empleos castrenses, y por consiguiente en los empleos politico-administrativos desempenados por militares.

Por lo general, prestigio militar y pertenencia a la jerarquia aristocrâtica constituian dos eslabones indisolubles de los criterios por los que se otorgaron los nombramientos para empleos politico-administativos Ademâs, la misma consideraciôn del ejercicio de los empleos politico- administrativos por parte de militares formaba parte del sistema de recompensas que la nobleza obtenia mediante su integraciôn en la carrera de las armas.

Asi, entre los pretendientes a corregimientos, los "méritos militares" se alegaban para ser recompensados con tales empleos, sobre todo tras la guerra de Sucesiôn cuando la fidelidad al Rey se entendia que deberia ser retribuida con privilegios No en vano el Marqués de la Mina llegô incluso a proponer que se siguiera el ejemplo de Francia para atraer la nobleza al servicio de las armas, mediante la concesiôn de empleos de guerra y de politica, por lo que sentenciarâ que "si en la vacante de un Corregidor de lucro y de descanso se busca en el rincôn de su provincia un particular sin mas titulo que el de Caballero pobre, y no se elige a un Oficial herido, no empenaremos la nobleza, ni ahorraremos al Rey sueldos" Estrechamente vinculada a esta cuestiôn, una segunda puntualizaciôn se plantea en relaciôn al debate de la dialéctica poder civil-poder militar en el siglo XVIII y el cuestionamiento mismo de la existencia de este ultimo como individualizado y diferenciado de aquél.

Nos referimos, a la fuerte subordinaciôn directa al poder real que va implicita en el ejercicio por parte de los militares de. Sobre el particular, también ha llamado la atenciôn Blanco Valdés, en sus anâlisis comparativos entre el ejército del Antiguo Régimen y el decimonônico, definidos cada uno de ellos en su acepciôn mas simplifîcada como "real" y "nacional", términos que por si solos simbolizan todo un marco conceptual claramente diferenciado, en cuanto a las relaciones civiles-militares se refiere Para este autor, el Monarca no solo "nombraba y separaba a los mandos militares y exigia de toda la organizaciôn castrense una ciega obediencia y una subordinaciôn sin quiebras, sino que ademâs determinaba sus funciones y decidia sobre su eventual intervenciôn efectiva - en el restablecimiento del orden interior - y externa, en el campo de batalla frente a sus enemigos exteriores" En efecto, como hemos indicado, la dependencia del militar respecto del poder real era tan inmediata como que su mismo futuro profesional se hallaba en ultima instancia en manos del Rey, a quien competia en exclusiva la concesiôn de los ascensos en el escalafôn militar.

Este planteamiento se halla perfectamente explicitado en la obra de uno de los tratadistas militares mas importantes del siglo XVIII, el Marqués de Santa Cruz de Marcenado, quien apoyaba por entero el sistema de provision de empleos imperante en su época bajo control directo del Rey "aun en los paises apartados" con el fin de que "se conociesen directamente premiados por S.

Estamos pues, ante una conception cuasi feudal en la que las relaciones se establecen a un nivel cercano al caracteristico de las relaciones feudo-vasallâticas, a pesar de los sustanciales avances que introducian la progresiva profesionalizaciôn del "oficio", la consolidation del Ejército como fuerza de carâcter permanente, y en definitiva, la aplicaciôn para la milicia de los criterios utilizados en la organizaciôn del aparato administrative en cuanto a su organizaciôn.

En consecuencia, una valoraciôn mesurada de estas peculiaridades del Ejército borbônico nos permite precisar aûn mas el concepto de "militarizaciôn" de las estructuras politico-administrativas del Estado. Era tal el grado de "subordinaciôn" de los militares-nobles-politico-administradores al poder real que tiene escaso contenido justificar la presencia de un "poder militar" en el seno del Estado diferenciado del "poder civil".

En todo caso, tan solo podria admitirse lo que por otro lado résulta una mera obviedad, cual es la presencia de una permanente cupula de poder militar dentro de la misma instituciôn castrense con influencia limitada a su propio circulo. La gestaciôn de una conciencia de pertenencia a un "estamento" socioprofesional diferenciado, la consolidaciôn de unos vinculos corporativos y la lôgica jerarquizaciôn interna implicarian a lo sumo la apariciôn de un "poder militar" limitado en su espacio de actuaciôn al propio.

Como ôrganos supremos de este "poder militar" habria que situar por encima de cualquier otro a la Secretaria del Despacho de Guerra, en alternancia unas veces, o compartiéndolo en otras - segûn distintos momentos del siglo - con los Inspectores de las distintas armas y Capitanes Générales de Ejército y de Provincia.

Asi pues, es posible argumentar que la dialéctica "poder civil-poder militar" funcionô en la realidad sociopolitica de la Espana del siglo XVIII, aunque condicionada por la propia indefmiciôn efectiva de un "poder militar" autônomo que no llegaria a consolidarse a causa de los fuertes vinculos de subordinaciôn con el poder real y de la coincidencia misma en el militar de condicionamientos estamentales y atribuciones no profesionales.

La imagen del militar-administrador-politico en el siglo XVIII, funcionô en la realidad tan ligada a las estructuras de poder de la monarquia absoluta que su definiciôn por oposiciôn al "poder civil" se acabaria esfumando entre el amplio espectro unifïcador de aquella. En cualquier caso, lo argumentado hasta aqui no son sino algunas hipôtesis de investigaciôn que tratan de interpretar los datos disponibles.

Restan muchas sendas por recorrer y el camino es largo. Con esta aportaciôn tan solo hemos pretendido trazar algunas salidas a lo que a todas luces es un tema de profunda complejidad: las relaciones entre el poder civil y el poder militar en la Espana del siglo XVIII. Y ello sin cuestionar que tal dicotomia era a menudo tan difusa como que en algunos momentos histôricos no cabe admitir una diferenciaciôn entre ambos poderes. Incluso, se podria cuestionar la existencia misma de poderes separados.

Tal vez sea necesario recordar que la figura del militar-administrador borbônico presentaba bastantes paralelos con la del burôcrata que ejercia su oficio como delegado directo del rey.

Nos referimos, como mâs representativas, a las obras de P. Molas Ribalta, "Militares y togados en la Valencia borbônica", Historia social de la administraciôn espanola. Giménez Lôpez, Militares en ValenciaAlicante, Por la via "directa", de estudios estrictamente militares la ûnica excepciôn, aunque circunscrita al âmbito de Cataluna - y con el carâcter mâs de repertorio biogrâfïco que de estudio sociolôgico - la encontramos en la obra de J.

Els capitans generals, Barcelona, Véase al respecto el estado de la cuestiôn publicado por P. Molas Ribalta, "La historia social de la administraciôn", op. Una importante actualizaciôn del mismo ha realizado F.

Murcia,p. A estos trabajos cabe anadir la excelente monografïa de F. Abbad, D. En la actualidad, el mismo profesor Ozanam dirige junto a un numeroso equipo de investigadores, una profunda investigaciôn sobre la "Alta administraciôn espanola en el siglo XVIII", en la que incluye a los militares, y cuyos primeros resultados estân comenzando a ver la luz.

Una sintesis de la estructura y objetivos de este proyecto puede verse en D. Al referirnos a "alta administraciôn militar" aludimos al cuerpo de Oficiales Générales - con el consecuente ejercicio de sus funciones militares y politicas - asi como a los dos ôrganos de go- bierno supremos del Ejército, El Consejo de Guerra y la Secretaria del Despacho de Guerra.

Desde nuestra ôptica es necesario continuar en la linea desarrollada ûltimamente por F. Abbad y D. Ozanam, op. Siglo XXI, Teôfanes Egido, "Las élites de poder, el gobierno y la oposiciôn", La época de la Ilustraciôn. I, Madrid,p. Unas interesantes consideraciones sobre esta cuestiôn pueden encontrarse en la obra de J.

Segùn Maravall, una élite de poder se define por ser un grupo minoritario, sin carâcter institutional ni aparato organizado, que actùa con carâcter duradero y récurrente proyectândose sobre amplios espectros de la vida social, lo cual genera el propio reconocimiento social, y que posée un sentimiento de superioridad asi como un sistema creencial o mentalidad comûn, op.

Quatrefages, "Les militaires et le pouvoir dans le monde ibérique.